VECINA

domingo, 11 de octubre de 2015

Entro en el garaje y detrás de mi coche entra el de la hija de una vecina. Salgo y me encuentro de frente a ella. Me saluda con una enorme sonrisa... hace años que no la veía y veo que se ha convertido en una joven preciosa.

Hasta ahí todo normal... por la noche comienzo a tener sueños con ella... evidentemente sexuales en los que todo comienza con unos simples besos en sus pies.

El caso es que los días pasan hasta que otra noche, al bajarme del coche me vuelvo a encontrar con ella. Nos saludamos y me dice algo que hace que mi corazón se acelere.

-Hola vecino... digo yo que ya basta de simples saluditos. Nos encontramos todas las noches aquí abajo y sabes, pienso que no puede ser casualidad y si lo es, habría que sacarle partido,no?

-De verdad que llevas razón pero soy así... me gusta tu simpatía y lo agradezco. Pero soy vergonzoso y no sé si puede molestarte que te hable.

-Ya ves que no... es más, vengo de currar y me apetece una charla amigable en casa. Estoy sola y harta.
-Bien, por mí vale. Pero ya ves que también llego del curro y me gustaría pasar por casa antes para darme una ducha y cambiarme.

-Bien, por mí vale... jajaja, pero te propongo, yo también me quiero dar una ducha... ¿ y si te la das en mi casa? Aunque no haya confianza los dos somos adultos.

-Bueno... subamos.

Al entrar en su casa, ella subió a su dormitorio. Al poco oí el agua correr... y yo, en qué pensé... quién fuera agua para deslizarme bajando desde su cabecita recorriendo su pequeño cuerpo hasta llegar al gran placer de enredarme entre los dedos de aquellos lindísimos pies.

-Es tu turno... arriba a la derecha tienes un baño y toallas. Te espero... voy preparando algo de picar.

Absolutamente nervioso y a la vez extrañamente relajado me di esa ducha... al salir, me puse una bata que había detrás de la puerta y al descolgarla comprobé que había dejado su vestido y ropa interior allí mismo. Era toda una prueba. Ella sabía que la vería y lo que haría. De repente, acerqué mi cara a aquella ropa interior y me vino todo su aroma. Me quedé unos segundos fuera de mí.

-¿Todo bien por ahí arriba?

-Bien... perfecto. 

Bueno, en realidad estaba avergonzado porque el semen que produjo aquella excitación, manchó la bata. Bajé y ella estaba esperándome en el salón... música ambiental, una luz tenue y unos pinchos.

-Vaya... veo que te has puesto cómodo. Lógico, no te ibas a poner la misma ropa. Siéntate aquí y relájate.

Ella llevaba una camiseta de tirantes ancha con la que se podía notar claramente sus pechos pequeños, un pantalón corto muy ceñido y lo más bonito... descalza. Sus pies morenos, gorditos y pequeños estaban sobre el sofá. Me era prácticamente imposible apartar la mirada de aquel monumento y, a la vez, tratar de que ella se sintiera confiada.

-Tranquilo rey... veo que estás super nervioso... estamos aquí para desestresarnos.

Tragué saliva y le dije algo que nunca pensé que saldría de mi boca.

-Oye, qué tal si me dejas darte un masaje en los pies.

-Waw, ya estás tardando.

No os voy a describir lo que aquella respuesta produjo en mí. Pero después de un rato de tener aquellas dos delicias entre mis manos, osé a bajar mis labios hasta sus deditos y comencé a besarlos y, según iba notando su reacción y ver que, no solamente no se quitó si no que aquello le produjo unos gemidos y fui animándome a darle el mayor de los placeres... meter sus dedos en mi boca y saborearlos.

Me puse de rodillas y ella se tumbó... fui besando sus pies, subiendo por las piernas muy despacio, notando sus gemidos. Llegué hasta su pantalón, que quiso quitarse, pero no era lo que yo quería... en aquellos momentos era mi diosa y como tal quise adorarla, no ser vulgar.

Pasé mi boca por encima del pantalón, apartando sus manos que deseperádamente buscaban la cremallera y me posé sobre su tripa... qué sensación tan adorable notar esa piel aterciopelada y caliente. Miles de besos fui repartiendo en aquellos centímetros tan sensuales cuando, al rato, ella agarró mi pelo con fuerza y tirando de el, me dijo

-No puedo más... me tienes deseperada y loca... nunca me habían hecho esto. Pero, por favor necesito que me folles.

Se despojó de la camiseta y sus pequeños senos salieron al aire libre. Increíbles sus pezones oscuros abultados los cuales comencé a mordisquear... otra impresionante sensación recorrió mi paladar. Aquel cuerpo me dio una gama de diferentes sabores y olores que acabé embriagado.

-Reina... te mereces lo mejor, me has regalado unas sensaciones que nunca hubiera pensado que una mujer pudiera desprender en tan poco tiempo. Y lo mejor empieza por saber hasta dónde llegar, ni un paso más. No quiero desnudarte más... es suficiente. Te aseguro que tenemos toda la vida por delante para dar otros pasos. Gracias cielo... ahora recuestaste y descansa.

Me volví a sentar, ella se acostó sobre mí. Mi bata se abrió debido a la erección que tuve... ella lo cogió con su pequeña mano y comenzó a acariciar... suave y muy despacio.

Qué bonita es, rey. Y acariciándola se fue quedando dormida.


2 comentarios
  1. Los placeres en pequeñas dosis, de a poco, a fuego lento... son los mejores. Me gustó leerte Gude. Un beso.

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    1. Asi es Alma Baires y asi es como más lo disfruto. Me alegro que te haya gustado

      A tus PIES

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