BAÑO DE DOMINGO

miércoles, 8 de febrero de 2017

Llegué a su casa y, según abrió la puerta, se abalanzó sobre el cuello en un interminable abrazo. Recorrimos el pasillo recreándonos en nuestras palabras y gestos como dos adolescentes que se acababan de conocer. Nos fuimos al salón y, después de unos minutos, Tere se marchó a darse su baño de domingo. Yo, en un principio, la esperé allí sentado aunque pasado un buen rato me empecé a poner muy excitado pensando que estaba en la bañera. Me dije… ahora o nunca.

Según me iba acercando el corazón empezaba a ir más y más deprisa. Abrí la puerta del baño y me pareció entrar en otra dimensión… unas paredes azules brillantes y, al fondo, la bañera blanca. Tere metida en ella, con la espuma que le llegaba casi hasta el cuello. No dirigió en ningún momento la mirada hacia mí aunque sabía que estaba en la estancia. Me desnudé y sin perturbar su relax me metí. 

Tere había cerrado los ojos y tenía la cabeza echada hacia atrás. Me senté delante suyo y tomando sus pies comencé a darles un buen y sensual masaje. Fue muy sencillo y agradable ya que estaban mojados. El paso de mis dedos por sus plantas llegó a provocarle unos gemidos y a mí una gran excitación. 


Al cabo de unos minutos Tere, que giró su cuerpo quedando de espaldas a mí, apoyó la espalda contra mi pecho… dejándose llevar por la excitación del momento ya que continué acariciando aquel cuerpo húmedo… jugando con el agua que chocaba contra su piel.

No vi ni me interesó ver su sexo… ella tampoco me lo vio. No era lo importante. Las sensaciones que vivimos en aquella bañera fue más allá de lo que nunca hubiera imaginado mi mente…  ella me enseñó en unos minutos mucho más de lo que hubiesen querido ver mis ojos. 

Me enseñó a ver con ellos cerrados.

Aprendí a ver con el alma.



4 comentarios
  1. Esa es la única mirada que no engaña… La que dice de la verdad de la esencia… La que hace sentir más allá de la piel…

    Muy hermoso texto…

    Bsoss.

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    1. Así es y, aunque sea tarde, es importante aprenderlo y alguien que te enseñe.

      A tus Pies.

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  2. ¡Qué bella mirada esa, Gude!
    La que no necesita ojos... la que llega desde el fondo.

    Un beso enorme.

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    1. Aprender cuesta pero el fin es apasionante.

      A tus Pies

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